7- El juego como recurso didáctico.
El juego es el primer acto creativo del ser humano, comienza cuando el
niño es bebé, a través del vínculo que se establece entre la realidad exterior,
las fantasías y las necesidades donde los deseos que se van adquiriendo se
aprenden con gusto, creando un vínculo de sabiduría y afecto entre el que
enseña y el que aprende.
Es importante señalar que la necesidad de jugar es propia de todo niño, pero ha de tenerse en cuenta que no todos ellos juegan de la misma manera, ni a los mismos juegos, ni por las mismas motivaciones demostrando que el juego está determinado por las condiciones materiales de existencia, en un contexto social e histórico concreto, siendo imprescindible considerar lo lúdico en el Nivel Inicial como el juego entre factores individuales y sociales que se condicionan mutuamente en una relación dialéctica en la cual se integran el docente, los alumnos, el conocimiento y el contexto.
El juego en el proceso de enseñanza y aprendizaje:
Enseñar y aprender equivale a introducir entre la información que el docente presenta y el conocimiento que el alumno construye (a partir de dicha información) un tercer elemento, tradicionalmente este “tercer elemento” era el método.
Enseñar y aprender equivale a introducir entre la información que el docente presenta y el conocimiento que el alumno construye (a partir de dicha información) un tercer elemento, tradicionalmente este “tercer elemento” era el método.
Juegos como recurso: ruleta numérica,
completo la operación, tabla de multiplicar, rompecabeza, busco el mensaje en la carta, encierro las
cantidades con el color correspondiente, crucigrama, mapas imantados, sopa de letras, etc.
El juego,
es considerado como una de las actividades más relevantes en el proceso de
evolutivo de una persona ya que contribuye al desarrollo de las siguientes
dimensiones:
·
Biológica:
promueve la estimulación de las fibras nerviosas de nuestro cerebro.
· Psicomotora: tanto a
nivel físico como de nuestros sentidos, el juego potencia el desarrollo del
control muscular, la fuerza, el equilibrio, la percepción, etc.
·
Intelectual:
favorece tanto la estimulación del pensamiento como la capacidad para responder
a los distintos estímulos y nuevas experiencias que se generan en las dinámicas
de juego.
·
Social:
entrando en contacto con los iguales y aprendiendo normas de comportamiento con
el entorno.
·
Afectivo-emocional: por un lado genera placer, alegría, creatividad, etc... y, por otro,
sirve para liberar y descargar tensiones.
Es
importante señalar que los niños y niñas no juegan a lo largo de su vida
siempre de la misma forma. De hecho, y a pesar de que las formas de juego
evolucionan de acuerdo con su edad, no desaparece la forma de juego anterior,
sino que se transforma y se hace más compleja.
Las etapas del desarrollo propuestas por Jean Piaget constituyen un buen punto de partida para identificar qué tipo de actividades lúdicas podríamos poner en práctica con los niños y niñas en sus distintos momentos evolutivos.
De este modo, y desde la infancia hasta la adolescencia, los cuatro períodos
que podrían llegar a establecer la idoneidad de un juego como recurso educativo
u otro serían los siguientes:
·
Período Sensoriomotor: tiene lugar hasta los 2 años de edad y está caracterizado porque
el conocimiento del entorno se realiza a través de la experiencia sensorial y
la actividad motriz.
·
Período Preoperacional: entre los 2 y los 6 años de edad, los niños y niñas
piensan en símbolos y utilizan la representación mental en el lenguaje, por
tanto su aprendizaje está basado en el juego simbólico y la imitación diferida.
·
Período de las Operaciones Concretas: de 7 a 11 años, se
caracteriza en que el pensamiento está limitado a la realidad física. La
interacción social, el pensamiento lógico y el desarrollo de la imaginación son
los aspectos de mayor desarrollo en esta etapa.
·
Período de las Operaciones Formales: tiene lugar entre los 11 y 15 años y consiste en el desarrollo del
pensamiento abstracto, lógico (inductivo y deductivo) y los sentimientos
idealistas.
De este
modo, y aunque es cierto que principalmente asumimos que el juego es una
actividad siempre presente en la infancia y que nos resulta muy eficaz cuando
pretendemos hacer que el interés del niño o de la niña se despierte, tras la
gran variedad de capacidades que contribuye a desarrollar en los distintos
períodos del desarrollo humano, queda patente que el juego es una herramienta
didáctica de la que no podemos prescindir en la escuela por las grandes posibilidades
que ofrece en los procesos de enseñanza-aprendizaje de las distintas etapas
educativas.
Como
profesionales de la educación, debemos de emplear el juego como recurso
educativo nuestra labor en las aulas debería estar dirigida a adecuar las clases
a los intereses y necesidades del alumnado promoviendo la participación activa
y creadora. De este modo, los contenidos y las actividades deberán ser amplios
y variados ofreciendo la mayor riqueza de opciones posibles, y promoviendo
espacios nuevos y estimulantes que favorezcan el descubrimiento por parte del
alumnado y estimule sus capacidades creativas.



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